Y se viene el primer problema...

No pasó más de una semana para que sienta en mi alma la incomodidad entre decir lo que creo a la luz de las Escrituras o callar y dejar a la iglesia con la enseñanza tradicional.

Lo digo porque debo preparar un mensaje para este domingo (sí, estoy más que atrasado) y había comenzado a escribir acerca de cómo en una ocasión fui engañado por un predicador radial que luego resultó pertenecer a la secta mormona. En vista de eso me propuse redarcar un sermón que ayudase a mis hermanos de la iglesia a descubrir razgos del falso cristianismo y a examinarse para saber si profesan una fe verdadera.

Haciendo un gran esfuerzo por no alargarme demasiado en el sermón resumí el cristianismo falso en:
Dejarse llevar por la primera impresión que alguien nos causa y
Dejarse llevar por la profesión de fe que alguien hace

Para el cristianismo verdadero hablaré de:
Amar a Dios y
Crecer en el evangelio.

El problema se presenta en el último punto. ¿Cómo puedo presentar el crecimiento que debe tener el cristiano sin atacar la doctrina aceptada de los “cristianos carnales”?

Cuando leo 1 Corintios 3 y sus capítulos anteriores y posteriores no encuentro por ninguna parte que se pueda sostener que en la iglesia debe haber cristianos carnales, encuentro más bien que Pablo trata a los corintios de niños y por tanto espera que crezcan en las cosas de Dios. En otras palabras la docrtrina de los cristianos carnales no me parece más que una excusa que utilizan algunos para justificar su vida de continuo pecado haciendo de Jesús un Salvador, pero no su Señor.

En fin, escribir esto me ha servido de desahogo. Necesitaba sacar estas cosas de mi cabeza y mi corazón.

Sólo me resta orar por luz en este asunto.

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